Avanzas en la eternidad y el tiempo continua muriendo en tu alma; se consumen los cielos por la esperanza de un mañana;… todo no es igual, pero, a veces nada cambia.

Buscando un fin, para compartir “algún” pensamiento y evitar su naufrago en el silencio. Elijo tu presencia, como refugio de mi sentimiento. Quiero dibujar el testimonio de mi espíritu desde el tormento; quiero callar la soledad y elevar la voz de mi corazón, que necesita exponer sus argumentos; quiero invitarte a dar un paseo por la región de miedo. Quizá, en el camino encuentres una mariposa, una flor o una sombra, donde un aire fresco traiga un respiro en medio del veneno.

Confrontas la espantosa realidad, haces frente a la tristeza… peleas contra la mentira. Recibes buenos golpes y te lamentas en el dolor de las heridas. Sin embargo, aunque termine una batalla y la derrota pisotee tus lágrimas,… todavía, el poder de tu voluntad posee aliento de vida y tiene chance de levantarse e iniciar un nuevo combate, para conquistar los sueños que animan tu esfuerzo y esperan tu llegada a la cima, que te mostrará la victoria en la altura de tus manos declarando: Misión cumplida.

Hernán Enrique Malagón Cortes
Colombia – 2006