“¿Saben por qué solamente los ancianos cuentan historias y leyendas? ¡Porque las leyendas son la cosa más inteligente del mundo! Todo cambia en el mundo, pero las auténticas leyendas permanecen. Las leyendas son sabiduría y narrarlas requiere de mucho conocimiento y de destreza para ver cosas que otros no ven. Para eso hay que haber vivido mucho, razón por la que sólo los ancianos saben narrar leyendas. Como está escrito en el mayor y más antiguo libro de magia: ¡” Un anciano es alguien que ha adquirido sabiduría”!

A los niños les encanta escuchar leyendas porque poseen imaginación y cerebro para encarar todo y no únicamente lo que los demás pueden ver. Si un niño crece pero igual sigue viendo lo que los demás no ven, se torna sabio e inteligente, “adquiere sabiduría”. Y como ve lo que los demás no ven, sabe que la imaginación es real. Sigue siendo un niño, un “niño sabio”, como está escrito en el “Zohar”, el libro de magia más grande y más antiguo.

011

Había una vez un mago grande, noble y de buen corazón, con todos los atributos que se suelen mencionar en los libros infantiles, pero, como tenía tan buen corazón, no sabía con quien compartirlo, no tenía a nadie a quien amar, con quien pasar el tiempo, con quien jugar… también necesitaba sentirse deseado, pues es muy triste estar solo.

¿Qué podía hacer? Pensó en crear una piedra, pequeñita pero hermosa, y quizás allí encontraría la respuesta. “Tocaré la piedra y sentiré que hay algo constantemente a mi lado, y ambos nos sentiremos bien, porque es muy triste estar solo.”

Agitó su varita y en ese instante apareció una piedra justo como la que quería. Se puso a tocarla, a abrazarla y a hablarle, pero la piedra no respondía. Se mantenía fría y no reaccionaba. Hiciera lo que le hiciese, la piedra seguía siendo un objeto insensible. Esto no le convino al mago para nada. ¿Por qué no contestaba la piedra? Probó creando otras piedras, y luego rocas, colinas, montañas, llanuras, la Tierra, la Luna y la Galaxia. Pero con todas lo mismo… nada. Se seguía sintiendo solo y triste.

En su tristeza, se le ocurrió que en vez de piedras, podría crear una planta de hermosas flores. La regaría, le daría aire y sol, le tocaría música… y la planta sería feliz. Y ambos estarían contentos, porque era triste estar solo.

Agitó su varita y al instante apareció una planta justo como la que quería. Estaba tan contento que se puso a bailar a su alrededor, pero la planta no se movió ni bailó con él ni siguió sus movimientos. Sólo respondía de la manera más simple a los dones del mago. Si la regaba, crecía, si no, se moría. Esto no le alcanzaba al mago de buen corazón que anhelaba entregarlo todo. Tenía que hacer algo más, porque es muy triste estar solo. Creó entonces todo tipo de plantas de todos los tamaños: bosques, selvas, huertos, plantaciones y alamedas. Pero todas se portaban igual que la primera planta… y nuevamente se encontró solo.

El mago pensó y pensó. ¿Qué podía hacer? ¡Crear un animal! ¿Qué clase de animal? ¿Un perro? Sí, un lindo perrito que estuviera siempre con él. Lo llevaría a pasear y el perro brincaría, haría piruetas y correría de un lado a otro. Al volver a su palacio (o más bien a su castillo, dado que era un mago), el perro estaría tan contento de verlo que correría a saludarlo. Ambos serían felices, pues es muy triste estar solo.

Agitó su varita… ¡y allí estaba! Un perro justo como el que él quería. Lo cuidó, lo alimentó, le dio de beber y lo acarició. Hasta corrió con él, lo bañó y lo sacó a pasear. Pero el amor perruno se limita a estar cerca de su amo, donde quiera que esté. El mago sufría al ver que su perro no podía corresponderle, aunque jugara tan bien o fuera a todas partes con él. Un perro no podía ser su amigo de verdad, no podía apreciar lo que hacía por él, no comprendía sus pensamientos, sus deseos ni todas las molestias que se tomaba por él. Pero justo eso era lo que el mago anhelaba. Produjo otras criaturas: peces, aves, mamíferos, todo en vano, ninguna lo comprendía. Era tan triste estar solo.

El mago se sentó y reflexionó. Comprendió que un amigo de verdad debía ser alguien que lo buscara, que deseara mucho estar con él, que fuera como él, capaz de amar como él, de comprenderlo,… que se le pareciera… que fuera su compañero. ¿Compañero? ¿Amigo de verdad? Debería ser alguien cercano a él, que comprendiera sus dones, que pudiera corresponderle y darle algo a su vez. Los magos también desean amar y ser amados. Entonces ambos estarían contentos, porque es muy triste estar solo.

Entonces el mago pensó en crear un hombre. ¡El podría ser su amigo de verdad! Podría ser como él… sólo necesitaría alguna ayuda para ello. Entonces ambos se sentirían bien, porque es muy triste estar solo… Pero para poder sentirse bien, primero debería sentirse solo y triste sin el mago…

El mago agitó nuevamente su varita y creó al hombre a la distancia. El hombre no percibía la existencia de un mago , autor de todas las piedras, las plantas, las colinas, los campos y la luna, la lluvia, los vientos, etc., un mundo entero lleno de cosas hermosas, incluyendo computadoras y fútbol, que lo hacían sentir bien y falto de nada. El mago, por su parte, seguía sintiéndose triste por estar solo. El hombre no sabía que había un mago que lo había creado, que lo amaba y que lo estaba esperando y que decía que juntos se iban a sentir bien porque es muy triste estar solo.

Pues, ¿cómo podría un hombre que se siente contento, que tiene de todo, hasta una computadora y el fútbol, que no conoce al mago, desear encontrarlo, conocerlo, acercársele, amarlo, ser su amigo y decirle: “Ven, nos sentiremos bien ambos, pues es muy triste estar solo sin ti”? Una persona conoce sólo lo que la rodea y hace lo que hacen las personas que están próximas, habla acerca de los mismos temas, desea las mismas cosas: no ofender, pedir regalos de buena manera, una computadora, fútbol. ¿Cómo podría saber que existe un mago que está triste por estar solo?

Pero el mago, en su compasión, busca constantemente, y cuando el momento ha llegado, agita su varita y llama a su corazón. El hombre piensa que está buscando algo y no se da cuenta de que es el mago que lo está llamando.” Ven, nos sentiremos bien ambos, porque es muy triste estar solo sin ti.”

Entonces el mago agita nuevamente su varita y el ser humano lo siente. Comienza a pensar en él, en que sería bueno estar juntos, porque es muy triste estar solo, sin el mago. Otro giro de la varita y el hombre siente que existe una torre mágica llena de bondad y poder en la que el mago lo espera y sólo en la cual se sentirán a gusto, porque es muy triste estar solo…

Pero ¿dónde se encuentra esta torre? ¿Cómo puede alcanzarla? ¿Cuál es el camino? Desconcertado y confuso, se pregunta cómo puede encontrar al mago. Sigue sintiendo el movimiento de la varita en su corazón y no puede conciliar el sueño. Ve por doquier magos y torres de poder y hasta pierde el apetito. Esto sucede cuando alguien desea mucho algo y no lo encuentra, y se siente triste de estar solo. Pero para ser como el mago: sabio, grande, noble, compasivo, amoroso, no alcanza con un ademán de la varita: el hombre debe aprender a obrar maravillas por sí mismo.

Entonces el mago, secreta y sutilmente, gentil e inocuamente, lo va guiando hacia el más grande y más antiguo de los libros de magia, el Libro del Zohar, indicándole el camino hacia la torre de poder. El ser humano lo toma para encontrarse pronto con el mago, hacerse su amigo y decirle: “Ven, estaremos bien juntos, porque es muy triste estar solo.”

Pero un elevado muro rodea la torre, y muchos guardias lo ahuyentan, impidiéndoles estar juntos y sentirse bien. El hombre se desespera, el mago se esconde en la torre tras puertas trancadas, el muro es alto, los guardias alertas lo rechazan, nada puede pasar. ¿Qué sucederá? ¿Cómo podrán estar juntos y sentirse bien dado que es triste estar solo?

Cada vez que el ser humano desfallece y cuanto más se desespera, siente de repente un movimiento de la varita y se precipita nuevamente hacia los muros, tratando de evadir a los guardias ¡a cualquier precio! Quiere forzar las puertas, alcanzar la torre, trepar los peldaños de la escalera y alcanzar al mago.

Y cuanto más avanza y se acerca a la torre y al mago, más vigilantes, fuertes y arduos se tornan los guardias, despellejándolo sin piedad.

Pero a cada vuelta el hombre se torna más valiente, más fuerte y más sabio. Aprende a realizar él mismo toda clase de trucos y a inventar cosas que sólo un mago puede inventar. Cuanto más rechazado es, más desea al mago, más lo ama, y desea más que nada en el mundo estar con él y ver su rostro, porque será bueno estar juntos, y aunque le regalen todo el universo, sin el mago se siente solo.

Entonces, cuando ya no soporta más estar sin él, se abren las puertas de la torre y el mago, su mago, corre hacia él diciendo: “Ven, estaremos bien juntos, porque es muy triste estar solo.”

Y a partir de allí se vuelven amigos leales, muy cercanos y no existe placer más exquisito que ése entre compañeros por siempre. Están tan bien juntos que apenas recuerdan lo triste que era estar solos…
Autor: Rav Dr. Laitman
Fuente: http://www.kabbalah.info/spanishkab/
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