19El sol es el símbolo supremo y el representante en nuestro mundo del poder espiritual, igual que los rayos físicos del sol son de hecho la fuente de la luz, del calor, de la salud y de la energía. […], el sol visible no es sino la «manifestación creada» del Poder al cual van verdaderamente dirigidas las adoraciones al «Sol detrás del sol». (Denning & Phillips, La sabiduría mágica, Vol. 2. Libro III.)

[…]El Sol, en todos los tiempos, aunque bajo nombres y símbolos diversos, fue adorado por el vulgo como un dios viviente, y por los sabios como imagen de un dios racional (el Gran Arquitecto del Universo), recibe aun en nuestros días, sobre los altares masónicos y cristianos, el mismo tributo de amor y gratitud. (J.M. Ragon. de las letanías de Jesús y de María comparadas a las antiguas letanías, prologo)

Todos los pueblos de la tierra han tenido fiestas o días consagrados al descanso y destinados a agradecer al gran arquitecto sus beneficios.
Las primeras fiestas y las más solemnes fueron instituidas por las naciones agrícolas. Hace falta descansar, de vez en cuando, de los penosos trabajos del campo, y el tiempo de la cosecha ofrece ocasión de darse a la alegría y a los transportes de un vivo reconocimiento hacia la naturaleza.
Las revoluciones de los cuerpos celestes, que hacen volver constantemente, los mismos trabajos y los mismos placeres, eran, a sus ojos, otras tantas épocas interesantes que les convenía fijar.
Estas fiestas se relacionan con la aparición del Sol en los cuatro puntos principales de la esfera celeste. Otras, se crearon para perpetuar el recuerdo de algunos héroes que habían servido a la patria. Las más brillantes de todas eran las fiestas al sol, a quien se había personificado bajo tantas formas diferentes. Cada estación era celebrada de forma solemne y siempre con símbolos relativos a la llegada del gran astro a los solsticios o a los equinoccios.
En la primavera, se cantaba su resurrección, porque se miraba el tiempo que había pasado en el hemisferio inferior o meridional, como el de su muerte o descanso a los infiernos.
En el solsticio de verano, se daba al Sol el nombre de Hércules, porque entonces, está en toda su fuerza. Este solsticio se celebraba con juegos públicos y hogueras.
En el equinoccio de otoño, como se ve al Sol abandonar el hemisferio superior, la imaginación, lejos de alegrarse como en las dos estaciones precedentes, caía, por el contrario, en el abatimiento. Se pretendía que había un combate entre el Sol y el príncipe de las tinieblas, en el que éste resultaba victorioso. Esta pretendida derrota del Sol se contemplaba como una muerte y se decía que descendía a los infiernos. Sus ceremonias, sus cantos, eran tristes y lúgubres durante esta estación.
En el solsticio de invierno, en lugar de afligirse ante el triste estado en que el Sol dejaba a la naturaleza, se consolaban. El dios, encargado de traer la luz y reanimar la naturaleza, iba a renacer de nuevo. Los cantos de alegría volvían a comenzar.
El Sol, como salvador o liberador, era invocado por todas partes con gran pompa. Su culto era universal y relacionado con todas las instituciones. El año se formaba por la revolución de este astro alrededor de la tierra. Si los hombres han estado mucho tiempo sin reconocer su duración exacta, puede decirse que no han errado nunca sobre el orden de las estaciones.
Todo lo que acabamos de decir respecto al curso aparente del Sol prueba que los antiguos estaban dotados de un genio alegórico y simbólico.
Este genio consistía en esa inclinación y talante de espíritu que llevó a los sabios de la antigüedad a velar sus lecciones bajo emblemas y enigmas propios para hacerlos más excitantes, mas vivos y animados, a fin de que fuesen buscados con más solicitud y retenidos con más facilidad.
Con este ingenioso artificio, hacían sensibles las verdades más abstractas. Cambiaban en imágenes y cuadros las proposiciones más áridas, las más difíciles de entender. La verdad se hacía más dulce y amable. Los seres inanimados y los seres morales se personificaban. La naturaleza entera tomaba un nuevo rostro. Lo que hay de más metafísico, se revestía de las perfecciones y bellezas corporales y parecía hacerse sensible como ellas. Las mismas relaciones que existen entre lo grandes objetos de la naturaleza y sus influencias sobre los hombres, se metamorfoseaban en una historia de ilustres personajes, que revelaba la imaginación y cuyos rasgos no se borraban ya de la memoria.
Este genio simbólico se desarrollaba en las palabras figuradas, proverbios, en las metáforas, parábolas, emblemas, fabulas, apologías, relatos mitológicos, simbólicos y pinturas jeroglíficas. Tal era, de alguna manera, el lenguaje universal de los templos primitivos, no hay ningún libro, compuesto en la remota antigüedad, que no encierre ejemplos de estos diversos géneros alegóricos. (J.M. Ragon. .Signos del zodiaco y fiestas religiosas antiguas y modernas, principio.)